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Andador Una característica de los edificios de la Ciudad Universitaria, tanto de los horizontales como de aquellos que se desarrollan en altura, consiste en un respeto absoluto por la escala humana. Dadas la magnitud del terreno y de los edificios, así como la amplitud de plazas y andadores hubiera podido perderse fácilmente dicha proporción, es decir, la relación que existe entre el cuerpo del hombre y la dimensión de la arquitectura. Sin embargo, aquí, la escala está siempre presente, en las medidas de los recuadros de los pavimentos, en el ancho de los andadores, en la presencia de las amplias escalinatas que sirven para formar terrazas, absorver desniveles y subdividir las que de otra manera pudieron haber sido distancias desangeladas, dada su magnitud, si no hubiese existido precisamente el deseo de respetar "la escala humana".


La búsqueda consciente de este logro aparece en el siguiente parrafo de los proyectistas: "Se llegó al detalle de eliminar la rampa como elemento de composición del conjunto -nos explicaban Pani y del Moral-, por no permitir contrastes de luz y sombra y carecer de una relación dimensional con el hombre; ambas condiciones que son características de la escalinata, que fue usada".14


Pero es que no solo est presente la escala humana en el tratamiento de exteriores, los edificios estan divididos en franjas horizontales que hacen evidentes los entrepisos porque los distinguen de las cristaleras, así sucede, por ejemplo, en las torres de Humanidades y de Ciencias, y en la misma Rectoría; también, por ejemplo, en los pasillos abiertos de los varios pisos de la fachada sur de Ciencias Químicas, orientadas hacia el patio interior de la escuela, alternan la franja horizontal cerrada de entrepiso y antepecho, con las tiras horizontales abiertas, huecas, de los pasillos, en un rotundo y bien logrado contraste de líneas de macizos y de huecos alternados, en horizontal, recurso que de manera semejante se repite en otros edificios, como el de los ingenieros.


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Es esta una voluntad del clasicismo, en la Ciudad Universitaria estamos en presencia de una arquitectura clásica; clasicismo, claro esta, de la Escuela Racionalista Europea. No hay que pensar que este respeto por las dimensiones del cuerpo del hombre haya sido una condicionante de proyecto impuesta por los directores generales, sino más bien una de las creencias de la época en cuanto a la formulación de la teoría de arquitectura que se seguía en el momento, del funcionalismo. Cada uno de los arquitectos que participaron en los proyectos individuales estaba convencido de la bondad de aquel postulado "de actualidad" y lo seguía a pies juntillas. Es sabido que el gran teórico y difusor del funcionalismo en México fue el arquitecto José Villagran García, maestro de muchas generaciones. Es interesante observar estas cualidades con la perspectiva que nos da el tiempo, porque es evidente que ya no se proyecta así; hoy en día, el manierismo y hasta el barroco imperan sobre el sentir clasicista de los años cincuenta.


La Ciudad Universitaria de 1954. Un recorido a 40 años de su Inauguración.
Juan B. Artigas

14 Pani y del Moral. UNAM, pág. 79.