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Rectoria El decreto de expropiación de los terrenos del Pedregal de San Angel es de l943, fueron recibidos en l946 por el rector de la U.N.A.M. doctor Salvador Zubirán. El 11 de septiembre de l946 el doctor Salvador Zubirán constituyó la Comisión de la Ciudad Universitaria, de la cual él era director, integrada por las siguientes dependencias y personalidades: "la propia universidad representada por el arquitecto Enrique del Moral, la Secretaría de Educación por el Dr. Fernando Orozco; la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por Lic. Emigdio Martínez Adame; el gobierno del D.F. por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, y la Secretaría de Salubridad y Asistencia por el arquitecto José Villagran García"5. Entre sus obligaciones estaba formular los programas generales y los particulares de los edificios de las escuelas, institutos y demás dependencias de la universidad.


Se convocó a un concurso en el cual participaron la Escuela Nacional de Arquitectura, el Colegio de Arquitectos de México y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos;6 resultaría vencedor el proyecto elaborado por el equipo de estudiantes Enrique Molinar, Teodoro Gonzalez de León - quien por cierto, ahora, en julio de 1994, acaba de ser galardonado con el Premio de la Academia Internacional de Arquitectura, en Sofía, Bulgaria- y Armando Franco7. Una de las cualidades de este trabajo era considerar un área central peatonal que más adelante, con el debido desarrollo, constituiría uno de los logros del proyecto general. Otro acierto de esta labor estudiantil consistía en el rompimiento de los grandes ejes de simetría que presentaban los demas concursantes y los proyectos anteriores, de alguna manera apegados todavía a los postulados de la Escuela de Bellas Artes de París. Ambas cualidades fueron tomadas en cuenta para el proyecto definitivo.


Los proyectos se presentaron en marzo de l947, con la asistencia del entonces Presidente de la República, licenciado Miguel Aleman Valdés, gracias a cuyo impulso pudo realizarse la edificación.Sin su voluntad y decisión la Ciudad Universitaria no hubiera existido, ni las realizaciones que a partir de ella se han logrado.


"En el mes de junio de l947 el rector Zubiran organizó la Comisión Técnica Directora, en substitución de la Comisión que había funcionado hasta las postrimerías del régimen del general Avila Camacho. Multifamiliar para MaestrosEsta Comisión, presidida por el rector, la constituían: el arquitecto Villagran García, como su representante ejecutivo; el licenciado Díaz Cánovas, como representante personal del Presidente de la República; el ingeniero Alberto J. Flores, director de la Escuela Nacional de Ingeniería, y el arquitecto Enrique del Moral, director de la Escuela Nacional de Arquitectura. Actuaba como secretario el licenciado José María Luján. Esta Comisión formalmente designó a los arquitectos Enrique del Moral , Mario Pani y Mauricio M. Campos como directores y coordinadores del proyecto de conjunto, otorgandoles, asimismo, la facultad de designar a todos los arquitectos que se encargaran de los proyectos de las diversas facultades, escuelas e institutos y de los otros edificios que requiriera la Ciudad Universitaria.


También realizó las gestiones para que las diversas dependencias de la UNAM designaran a los asesores y consultores encargados de formular los programas de necesidades de los edificios particulares"8.


Buena parte de los arquitectos de México quedaron relacionados con aquella magna obra, dado que ademas de los directores del proyecto de conjunto, fueron asignadas ternas para cada uno de los proyectos específicos, formadas por un arquitecto de reconocido prestigio, otro de generación intermedia y uno mas joven en etapa de formación profesional y de practica. Así, el plan maestro obligaba a oscilar de lo general a lo particular y viceversa, en constante interacción uno con otro, para obtener la armonía visual y de funcionamiento pretendidas. Asimismo, cada equipo de arquitectos realizaba reuniones constantes con los asesores universitarios, quienes serían los futuros usuarios de las instalaciones. De la calidad de estas coordinaciones, general y particular, habría de depender el resultado de la realización.


Un síntoma que demuestra la seguridad del país en sí mismo fue la decisión de los arquitectos mexicanos de que no interviniesen profesionistas del extranjero, esto se logró por la propia génesis del proyecto desde la Escuela Nacional de Arquitectura. En algún momento se llegó a hablar de una posible colaboración de Le Corbusier; no hubiera sido malo contar en México con una obra de este gran arquitecto suizo-francés, de la misma manera que contamos con una de Mies Van der Rohe, otro de los grandes de la Escuela Racionalista Europea, me refiero a las oficinas de la planta Bacardí. Pero es que la historia había obligado a traer arquitectos de fuera, primero por la relación natural novohispana con la metrópoli y, más tarde, por la influencia francesa e italiana. Estatua Miguel AlemanUn ejemplo de ello es el Palacio de Bellas Artes, del cual se cumplieron cincuenta años de su terminación en 1985, proyecto del italiano Adamo Boari, más tarde terminado por don Federico Mariscal. Esto sucedía a solo quince años antes de la construcción de la Ciudad Universitaria y muestra la diferencia en la manera de abordar las soluciones.


Con un enorme equipo de trabajo se llegaría a un proyecto definitivo, que habría de ser publicado por Pani y del Moral en la revistas Arquitectura, México, en septiembre de 1952, cuando estaba ya muy avanzada la construcción de los edificios; de dicho proyecto no se realizarían el Aula Magna, ni las habitaciones ni demás instalaciones para estudiantes. De los edificios para vivienda de profesores y empleados administrativos, de los que mucho se habló, se construyó sólo uno para profesores, próximo al Estadio Universitario, al costado poniente de la Avenida de los Insurgentes.


La operatividad del proyecto se consiguió por medio de una triple organización que consistía en un Patronato "formado por financieros que obtenía y manejaba los fondos proporcionados por el gobierno federal"9, estaba presidido por el licenciado Carlos Novoa entonces director del Banco de México; la Dirección del Proyecto de Conjunto a cargo de los arquitectos Pani y del Moral, ante el fallecimiento de Mauricio M. Campos en 1949, y la Gerencia General de Obras, a cuya cabeza quedó el arquitecto Carlos Lazo, auxiliado por el ingeniero Enrique Bracamontes.


Una nota del licenciado Miguel Aleman Valdés, enviada a la redacción de la revista Arquitectura, y publicada en el mismo número 39, resume los ideales de la fabrica, dice así:


"... todo saber es fatuidad si no rinde servicio, y los mejores conocimientos son un arma mortal si no se emplean generosamente, para bien de la humanidad entera en vez de para servir de instrumentos al egoísmo o a la arrogancia de las naciones como de los indivíduos. En este recinto, que en lo material resume un gran esfuerzo de la Patria, todo debe ser una consagración constante al más noble de los principios que sirven de base a las sociedades humanas: la igualdad de los hombres ante la majestad suprema de la Ley. Sólo de este modo serán dignos de la Ciudad Universitaria quienes gocen del privilegio de estudiar en sus aulas y laboratorios, o de ocupar sus catedras.


La Ciudad Universitaria de México no es ostentación de pueblo rico, ni alarde de nación poderosa. Muy por el contrario, es un esfuerzo de pueblo que combate a la miseria todavía, y de nación que no se gloría de su fuerza. Sorprender entonces la razón de tamaña grandiosidad. Pero si tenemos conciencia de que aquí han de habitar nobles estímulos, profunda devoción y consagración íntegra a la superación humana poco nos parecer lo que, de sacrificio del país, estas construcciones significan. Ningún ideal nos parece tan digno de nuestros tiempos, y ninguno tan prometedor de salvación para la cultura, como éste a que dedicamos estas obras materiales: la dignidad del género humano parejamente disfrutada sin distingos de raza, de creencias ni de origen nacional.


Contra las amenazas a la civilización que a diario se advierten, esta Ciudad es un baluarte. Porque la civilización no perecer mientras en alguna parte del mundo la sabiduría se entienda, como queremos que se entienda aquí, para preparar disciplinadamente a hombres y mujeres imbuídos en la idea de que el saber y los progresos intelectuales y científicos imponen, a quienes los adquieren, una mayor responsabilidad de servicio para sus semejantes. El Gobierno de la República está cumpliendo. Toca cumplir ahora a la Universidad, haciéndose cada vez más digna del alojamiento que con beneplácito del pueblo le ha edificado el Gobierno. Si no tuviéramos una profunda confianza en que ello ser así, no encontraríamos satisfacción en esta obra".10


A lo que yo agregaría ahora, en l994, a cuarenta años de la inauguración de la Ciudad Universitaria, que los universitarios conscientes de nuestra responsabilidad, seguimos cumpliendo. Con muchos otros compañeros tuve la fortuna de estrenar, en l954, las instalaciones de la nueva Escuela Nacional de Arquitectura y vaya que había diferencia con los vetustos salones de nuestra laberíntica, muy querida Academia de San Carlos.


Mucho habría que comentar acerca de los más de ciento diez profesionistas, entre arquitectos e ingenieros, que aparecen en la lista de participantes publicada en 1952, además de los nombrados en las diferentes comisiones previas a ésta y de algunos otros que es necesario sumar. Entre todos ellos edificaron la arquitectura del país durante la mayor parte del presente siglo, antes y después de la Ciudad Universitaria, ya fuera desde las aulas o en la practica. Cabe destacar la calidad y eficiencia de la construcción, llevada a cabo entre 1949 y 1952, para lo cual fue necesario crear toda una infraestructura industrial adecuada a los nuevos requerimientos.


Tabla de Colaboradores


La Ciudad Universitaria de 1954. Un recorido a 40 años de su Inauguración.
Juan B. Artigas


5 Pani y del Moral, UNAM. pág. 35
6 Idem, pág 53
7 Ibidem
8 Pani y del Moral, UNAM. pág. 41
9 Yáñez, Enrique, Del Funcionalismo al Post-Racionalismo, pág. 116.
10 Pani y del Moral, Arquitectura, México núm. 39. págs. 195 y 196.